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El Desfile PDF Imprimir E-mail
La evolución de los Desfiles en Huehuetenango.

Viendo las fotografías del desfile de las fiestas Julias de este 2010, no dejo de sorprenderme de como ha evolucionado tal festividad, llenando las calles por donde realiza su recorrido de un colorido tan diverso como espectacular.

El desfile de las fiestas julias hoy por hoy nos permite observar a esbeltas señoritas con atuendos tan llamativos que algunos parecen propios de la celebración de carnaval, se pueden ver también sombreros, gorras, boinas, chalecos, playeras, payasos y hasta un grupo de señoritas con camisetas alusivas a España, recién coronado campeón mundial de fútbol!, toda una variedad inimaginable en mis tiempos. Los jóvenes integrantes de las “bandas escolares” ahora portan elegantes trajes de sastre incluso con todo y corbatas finas, interpretando, me imagino, alegres piezas musicales con un repertorio de instrumentos que van desde trompetas, bombos, platillos, saxofones y un largo etcétera que más parecen bandas profesionales de música popular que alumnos de algún centro de educación, al menos me imagino que así se sienten muchos de ellos. Se inundó las calles de la otrora “tacita de plata” con la alegría juvenil que contagia de entusiasmo y alegría. Que contraste con nuestras caras de angustia, cuando a mediados de los ochenta nos tocaba desfilar por esas mismas calles en esas marchas “marciales” hacia el campo de la feria, que nos parecía tan lejano, debido a lo agotador que era marcar el paso, versión escolar, de un desfile militar.

Y es que en verdad que diferente era todo en ese entonces. No usábamos los uniformes coloridos que vemos hoy en día, marchábamos con nuestro uniforme de a diario, que casi siempre era de color oscuro o gris, solo que se le sumaba la asfixiante corbata que lo convertía en “uniforme de gala” pero nada más. La banda se esforzaba por marcar el paso al ritmo de “los pollos de mi casuela” que era quizá la más movida del limitado repertorio de aquellos años. Un par de liras, quizá tres, todo dependía de cuantos alumnos tuviéramos la suerte de contar con las habilidades del caso para tocar ese instrumento, que para el momento era la novedad. Quizá una motivación que debo reconocer nos hacia menos tortuoso el literalmente marchar, eran las pocas compañeras nuestras que se atrevían a salir como “batonistas” y mostrar de manera tímida sus encantos y que definitivamente se convertían en el aspecto diferenciador del monótono desfile de pelotones uniformes, unos grises, otros azules, unos más cafés, verde o negro, pero todos sin excepción, con camisas y blusas blancas. Solo el pelotón de “abanderados”, algunas veces se veían diferentes, con sus guantes y sus bandas de “alumno distinguido”, eso sí debían llevar una pesada bandera en todo el recorrido, vaya premio a su dedicación, más parecía un castigo que reconocimiento a sus esfuerzos, evidentemente faltaba creatividad.

Escuche en alguna ocasión, que eso de poner a jóvenes estudiantes a desfilar como tropas “paramilitares” lo puso de moda el insigne dictador inmortalizado en la obra cumbre de nuestro novel de Literatura “El Señor Presidente”, don Manuel Estrada Cabrera, quien también celebrara fiestas juveniles en honor a la Diosa Minerva. Yo pensé, que poca ma.... la de ese cuate, obligar a los estudiantes a marchar sin sentido alguno y eso de celebrar una deidad de la Antigua Grecia, si que debía estar bien zafado. Otro admirador de estos desfiles fue el ídolo indiscutido del ex presidente y alcalde capitalino Alvaro Arzu, me refiero a don Jorge Ubico, quien incluso llego a tal extremo que hizo desfilar la tripulación de un barco Alemán anclado en alguno de nuestros puertos, por las calles de la ciudad Capital. Que bonitos, elegantes y disciplinados se han de haber visto las tropas rubias de marines Alemanes desfilando detrás del estandarte con la esvástica por lo alto, supongo que en su imaginación, don Jorge se sintió como el mismísimo Führer en esa ocasión.

Bueno retomando el relato de nuestra experiencia en los desfiles Huehuetecos, me sorprendía lo orgullosas que se miraban a las madres ver pasar desfilando a su hijo. Si esta criatura, tenia la fortuna de ser parte del cuerpo de “gastadores” era mayor la satisfacción paternal al ver como lucia los cordeles dorados y los galones, si hasta parecían cadetes castrenses con ese paso marcial, realizando las vistosas formaciones en escuadra a lo largo del sendero. Valía la pena el esfuerzo!. A veces pensaba que para esos abnegados padres era mayor el orgullo de un hijo haciendo tales rutinas que verlos en un cuadro de honor al momento de la graduación...

Para fortuna nuestra en aquel entonces, no se prestaba mayor atención a los preparativos para el desfile. Bastaba un par de ensayos generales y listo. Claro esta que no se necesitaba mucho tiempo para preparar el desfile. Paso con el pie izquierdo y brazo derecho a la altura del hombro y a la inversa, no era complicado. Para la banda, tomaba más tiempo aprenderse los compases, el que cachaba su redoblante tenia suerte, si no, pues bueno tenia que ponerlo uno mismo para formar parte de la misma. Los ensayos se realizaban luego del horario de clases, dos horas diarias dos meses antes del desfile y listos.

Me supongo que ahora la cosa es más compleja, si con eso de que se hacen concursos para premiar a la mejor banda, deber ser una tarea ardua interpretar la “gasolina” y bailarla al mismo tiempo. Y es que debe tenerse un repertorio muy completo para que las “bailarinas” puedan mostrar sus condiciones en las calles de la ciudad. Eso si que es un chance de tiempo completo. Espero que no sea más satisfactorio tener la banda mas “pilas” que mayor cantidad de alumnos en la olimpiada de ciencias.

Para cuando nos enfilábamos sobre el puente “La Viña”, sabíamos que estábamos ya cerca del final. El momento cumbre era nuestro ingreso al estadio Kaibil Balam, que lucia lleno por encima de su capacidad. Los aplausos de los padres o ex alumnos al ver ingresar a su centro educativo, nos daba el animo necesario para aguantar lo que restaba: los interminables discursos. Por fin se daba por concluido el desfile, nos espera un “Bomberito” donado gentilmente por las autoridades de turno para coronar el esfuerzo de más de cuatro horas, bajo un inclemente sol. Lo bueno era, que iniciaba el descanso de una semana completa de feria y que solo nos restaba el desfile del 15 de septiembre.

Valga nuestro reconocimiento a todos aquellos jóvenes que con sudor y desgaste de suela de zapato, brindaron su esfuerzo por engalanar los desfiles de nuestro añorado Huehuetenango en sus Fiestas Julias de antaño. Para los jóvenes que hoy presentan una versión mucho más atractiva del desfile, nuestra felicitación esperando que así como la evolución de esta actividad nos regaló una grata sorpresa, la educación en Huehuetenango busque la excelencia académica.

Fotos del Desfile 2010

Giovani López
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En Memoria de: Antonieta Vielmann Herrera de López 1945-1998