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    La Antesala del Cielo En la cima de los Cuchumatanes las vistas son impresionantes. Aqui se puede ver gran parte del occidente Guatemalteco.

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    La Villa de Chiantla, cuenta con edificios de importancia histórica. El santuario de la Virgen de Candelaria recibe miles de peregrinos durante todo el año.

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    El mirador Juan Dieguez Olaverri, es un parque desde donde se puede observar un paisaje hermoso. Tiene una altura de 3,800 metros sobre el nivel del mar.

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    Con más de 100,000 habitantes, Chiantla es un municipio que esta ubicado en el occidente sur de la republica de Guatemala, en América Central.

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Como todo lo que ocurre en esta gran finca, aquí no hay respuestas reales sobre lo ocurrido.

Lo que ocurrió la semana pasada en el mal llamado “Hogar Seguro Virgen de la Asunción” es (en palabras expresadas por Carlos Guzmán Bockler) “el naufragio sangriento de un Estado fallido”.

 En la velada para exigir justicia por las víctimas de esta tragedia, afuera del Palacio, una mujer sostiene un cartel en el que se lee “Crimen de Estado” y luego una entrevistada que manifiesta también su indignación ante lo sucedido, subraya que los “responsables de este crimen somos todos”. “Siento repugnancia y me siento repugnante”, dice otra. En las redes sociales va y viene el hashtag FueElEstado. Y si bien el sentimiento de indignación y repugnancia es compartido, es necesario establecer una ruta que dé cuenta de los verdaderos y únicos responsables.

 Cuando decimos Estado, ¿a qué nos referimos en concreto? El Estado no son el conjunto de instituciones desvencijadas y corruptas (como creen las elites), el Estado es más bien un conjunto de relaciones de poder. Es decir, el Estado es un conglomerado de relaciones sociales desiguales en las que hay unos pocos privilegiados y otros muchos excluidos y masas empobrecidas. Decir que el Estado no sirve es simplista y reduccionista. El Estado no sirve porque se ha constituido sobre la base del privilegio de una elite conservadora que no está dispuesta ni a modernizarse ni a democratizar las relaciones sociales del país.

 El jueves pasado, al preguntarle a una mujer cuida carros alrededor del Palacio Nacional sobre quiénes son los responsables de este bestial incidente, ella sin ningún tapujo responde: “son las mismas señoritas que murieron, por mañosas”. Varias opiniones en las redes sociales responsabilizan a “la niña piromaníaca” que incendió un supuesto colchón. Hay otros que dicen que el Inacif encontró pruebas de que había en los cuerpos evidencia de que las quemaduras no eran de incendio, sino de bomba.

 El responsables de este infierno concreto es un payaso disfrazado de Presidente que no se entera del país que dice gobernar. Los responsables son también los mandos altos de la Secretaría de Bienestar Social y todo ese bajo mundo de transas y mafias imbricado en las entrañas del sistema político.

 Como todo lo que ocurre en esta gran finca, aquí no hay respuestas reales sobre lo ocurrido. Por ejemplo, si el Procurador de los Derechos Humanos ya tenía las pruebas de que en este lugar había trata, ¿por qué nos se hizo esta denuncia ante el Ministerio Público?, ¿por qué si el Juzgado Sexto de la Niñez les había condenado por las violaciones cometidas contra las menores del “hogar”, la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia impugnó la resolución y detuvo la orden judicial?, ¿por qué el secretario Carlos Rodas fue incapaz de reconocer que en ese “hogar” no se respetaba el derecho de las niñas?

 ¿Cómo es posible que en su retrasada conferencia de prensa Jimmy no haya pedido perdón a la ciudadanía, al pueblo? ¿Cómo es posible que no se trazó ningún compromiso real y concreto de acompañamiento a los familiares de las víctimas? ¿Por qué la Secretaría de Bienestar Social prometió a los familiares de las víctimas que apoyaría con los costos de ataúd y funeral y fue incapaz de mantener su palabra?

¿Cómo es posible que no haya una dimensión humana en ese bajo mundo de la política? ¿Cómo puede ser que aquí la vida se desvalorice de esa manera que a todos nos repugna y nos duele? ¿Cómo se puede seguir defendiendo este sistema económico que obliga a que a las familias de estas niñas víctimas calcinadas no solo les haya costado pagar el velorio, sino muchos se tuvieron que endeudar para poder pagar muertes producidas por la barbarie y la insensatez?

 Sin duda este infierno debe ser presentado a la Corte Interamericana de Justicia, porque de no hacerlo, las víctimas de este oscuro episodio serán en unos días solo olvido.

 Mi llamado de hoy es organizarnos contra la injusticia, contra este Estado sangriento en naufragio, llamo a buscar que se propicie la justicia, y a entender cómo funciona este Estado que solo busca enriquecer a unos pocos y excluir a las mayorías.

 Llamo a trazar un camino de resistencia, de no sucumbir ante el dolor y la repugnancia, sino que la misma se pueda convertir en la palanca de fuerza para reconstruir un proyecto humano para el futuro común, digno y justo para muchas niñas como las que fueron injusta y brutalmente expulsadas del tiempo.

 

Marcela Gereda. El Periodico

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